Category Archives: Recuperación

El oscuro de Éfeso.

Ha pasado mucho desde que actualicé este blog.

Ha pasado tanto, que es mejor explicarlo con imágenes.

Heráclito estaría orgulloso.

“Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña.”

(No serán mis mejores fotos, pero creo que sirven para explicar que ha pasado en todo este tiempo)

 

Advertisements
Tagged , , , , , , , ,

Sacrificios.

Todo este proceso es un ejercicio de disciplina.

Mi principal problema es que estoy desacostumbrado a las estructuras, a las constantes. La única que reconocí durante toda mi vida fue el hambre, y por eso me resulta más y más extraño no encontrarla en el hueco donde solía acurrucarse durante las noches. Me había acostumbrado a sus pataletas, a sus rasguños y gruñidos de alma en pena; a sus comienzos de eco ronco buscando un oído, golpeando las paredes para hacerse notar.

Pero cuidado, porque esto no es aceptar mi falta de disciplina. Siempre he sido una persona muy metódica para hacer las cosas, pero el hambre es algo aparte… una fuerza centrífuga, hecha a la medida para sacarte de tu punto de balance, compuesta de un una mitad de urgencia, dos tazas de necesidad y unas gotas de lujuria. Ahí cuando no le prestas atención, ese eco ronco se convierte en una revolución impía, un mandamiento imperativo carnal, sordo y necio, incapaz de buscar otra cosa que no sea su propia satisfacción…

Muy a pesar mío, más de una vez hice del hambre mi sacramento, mi peregrinación oscura a donde su voluntad me empujara… fast foods, restaurantes, galletitas, el sandwich triple de las 5… Todas fueron eucaristías terribles donde se multiplicaba, rolliza, la carne de mi carne e intoxicaba de colesterol la sangre de mi sangre. No había hora, no importaba el día… a veces no importaba con qué se saciara… tan solo había que consumir algo, sentirlo deslizándose por la garganta, llenando un sentimiento que muchas veces era la soledad multiplicada de quien quiere gritar sus pecados pero sabe que no hay absolución…

No hay disciplina suficiente que te prepare para eso. No cuando el hambre es un rapto, un ejercicio de locura temporal, de ceguera… Lo peor es el después, el despertar… cuando abres los ojos y te das cuenta de lo que el ocurrió, de lo que te hizo… o te demandó… No hay forma de arrepentimiento, ni vuelta atrás: asumes tu culpa con dedos manchados de pizza familiar,  tu vergüenza de 6 piezas de pollo frito y cargas con eso en tu pesadísima mochila. Una que se funde contigo para hacerte a ti aún más pesado.

No, la disciplina no te prepara para esto. Nada te prepara para esto.

Ahora me encuentro a mí mismo comiendo 5 veces al día. Hambre o no hambre. Empezaron siendo 8, pero las heridas internas han cicatrizado bien y de a pocos voy regresando a horarios normales de alimentación. Aún mi dieta es líquida. Eso no puedo controlarlo, pero lentamente van apareciendo en el menú cremas, frutas y otras cosas que me hacen sentir menos un convaleciente, y más un recuperado.

Recuperado. Recuperarse. Recuperar.

Recuperar la normalidad.

Para alguien que jamás tuvo estructuras en su vida, déjenme decirles que la normalidad se ve bastante bien desde aquí. Solo necesito ejercitar mi disciplina para hacerla más fuerte.

Y hacer de mí mismo alguien más fuerte todavía.

Tagged , , , , , , ,

14

Han pasado casi 5 días desde la cirugía.

Recuerdo que fueron por mí un lunes bien temprano. Deberían ser las seis de la mañana, y habían sombras difusas de enfermeras y doctores recortadas contra el ruido nuboso que es la inconsciencia de la madrugada. Antes de que pudiera protestar, ya estaba subido en una camilla y camino al quirófano, sin más atavío que una bata de algodón crudo sobre mi cuerpo desnudo.

Recuerdo también un doctor sonriente, entre una plétora de otros doctores sonrientes, más pequeños. Este me decía que respirara tranquilo porque todo saldría bien, y los otros doctores, guiados por sus sabias palabras, prendían máquinas y activaban switches mientras yo seguía ahí, desnudo con mi bata de algodón.

Recuerdo que me pusieron una máscara plástica sobre la nariz. En el cielo conté 12 luces amarillas y duras, como soles en miniatura a punto de apagarse en un abrir y cerrar de ojos. Una voz me pidió que contara hasta diez, pero no recuerdo mi boca moverse más allá del 3.

Luego recuerdo despertar. La sala vacía, la enfermera/novicia pidiéndome que respire normal. Como si normal tuviera algo que ver aquí. Su imagen se mezcla con el recuerdo del doctor sonriente y con la vieja memoria de un poster ochentero que pedía silencio en cada hospital de la nación.

Recuerdo respirar, como si respirar fuera mi único propósito en la vida.

Y luego recuerdo despertar. Recuerdo la incomodidad, el dolor abdominal, la hinchazón. Recuerdo la vía intravenosa trepando por mi brazo como una enredadera devorando un muro. Recuerdo los gases, el hipo, la morfina golpeándome en olas suaves y relajantes, meciéndome de a pocos en una cama que a veces era escritorio y a veces era tablero de dibujo. Recuerdo los ojos mirándome, y me recuerdo a mí mismo descubriendo la fragilidad de mi condición, para maravilla de todos los que me fueron a visitar.

Recuerdo todo esto, que no es mucho. Pero lo que más recuerdo es que hace 5 días pesaba 14 kilos más. Y la verdad, prefiero estos recuerdos incompletos  a la anterior versión de mí mismo.

Tagged , , , , , , , , , , , ,